Las tortugas que NO se le escapan a Diego
Arturo Jauretche decía que el mejor pez es el que nada contra la corriente. Y que cuando toda la opinión circula en una avenida de mano única, hay que transitar en sentido contrario, incluso hasta el borde de la exageración. Eso era, en trazo grueso, el revisionismo histórico. Un modo de dar vuelta la media para que entre dos exageraciones se encuentre después el punto medio, el equilibrio y la ecuanimidad, que es imposible cuando una única opinión avasalla y se instala como verdad irrefutable. Aunque se asiente sobre zonceras y gansadas.
La mayor gansada que se escucha en estas horas es que Maradona “no sabe nada de fútbol”, que no es buen DT porque no entiende el juego ni lo que debe hacer un equipo en la cancha. ¿Maradona? ¿El que ganaba partidos y campeonatos casi solo? ¿El que los ganaba con el talento de su zurda pero también con el fuego de su corazón y la claridad de su mente futbolera? ¿El que dominaba un partido también en lo táctico, el tipo del que se decía que tenía ojos en la nuca?
Estas líneas son a prueba de panqueques: están escritas e impresas antes del partido con Uruguay.
Para que no dependan, precisamente, de un resultado. Están escritas en el peor momento de la selección, en su más bajo nivel de juego. Pero clasificados, eliminados o enrepechados, no se cambiará una coma de las cosas que Maradona hizo bien, o con sentido común, o con sapiencia futbolera, mas allá de si rindieron frutos o comimos compota. El fútbol tiene tantos azares e imprevistos que jamás será una ciencia (y si no preguntarle a Bielsa sobre el Mundial 2002).
Habrá una sola concesión, lo suficientemente generosa para los que se autodesignaron jueces inapelables de la Suprema Corte del Escarnio: Maradona no ha mostrado ninguna brillantez u originalidad táctica. No todavía. Y quizá nunca, porque su propia experiencia le dice que al juego lo juegan los jugadores. Que el juego es sencillo, hay que darle la pelota a un compañero y quitársela lo antes posible al rival y hacer que toque la red del arco contrario. Y que una de las leyes del fútbol es que el técnico propone (tácticas, esquemas, movimientos) y el futbolista dispone.
Aquí van, entonces, algunos apuntes a contrapelo, procurando zafar de la emotividad que generan las palabras “Diego” y “Maradona”. No se trata de compartir ni de bancar lo que Maradona propone en “su” selección. No es esta nota un juicio de valor sobre eso. Pero sí trata de entender cómo piensa Maradona a la hora de armar “su” selección, hurgando, con la mayor asepsia posible, en cuestiones técnicas, puramente futboleras.
1) Maradona se la jugó con un arquero que no estaba en los planes de nadie. Un arquero de los que te salvan un partido, no como los que tiene la selección desde hace años, arqueros que atajaban bien pero no te sacan las imposibles. Sin arquero no hay equipo, ergo, con arquero se empieza a formar un equipo. Lo sabe cualquiera que haya pisado un potrero o dirigido aunque más no sea el equipo de sus pibes en el colegio. ¿Alguien discute al arquerito Romero en estas horas? Es fácil imaginar los azotes verbales que hubiera recibido el DT si fallaba en esa apuesta. Pero como salió bien, nadie se lo incluye en la columna del haber.
Le dio varias oportunidades al Pupi Zanetti y no rindió.
Les dio otras tantas a Tevez y Agüero y fueron un karma.
Le dio titularidad a Gago justo cuando el Real Madrid lo manda al banco. Y Gago termina el partido con Paraguay y se divierte con mensajitos de su celular. ¿Por qué no habría de excluirlo aunque sea un par de partidos, a ver si entiende que esto es pasión y es la selección?
Lo banca a Heinze contra todas las críticas. Incluidas las de quien suscribe.
Lo banca a Jonás Gutiérrez, aunque se fue a la B con su equipo.
Lo bancó a Domínguez poniéndolo contra Paraguay pese a que había jugado flojito contra Brasil. Y lo siguió convocando.
En cambio, lo cuidó para no exponerlo en dos partidos seguidos al pibe Otamendi y lo siguió convocando.
¿Quién no cambiaría, aun siendo DT de un equipo de barrio, a los jugadores que no responden?
¿Alguien puede nombrar dos, tres jugadores injustamente excluidos por Maradona?
¿O que no hayan tenido oportunidad y fueran excluidos?
Se le reprocha no cumplir un precepto básico del fútbol, ese de plantar un equipo y darles confianza a todos y cada uno. Ahí sí recurren a Basile y eso de “el equipo de memoria”. Pero quizá sea mejor parámetro Bianchi, que armó sus grandes equipos no de memoria sino con una columna vertebral.
El uno, el dos, el cinco, el diez y el nueve. Eso eran Córdoba, Bermúdez, Serna, Riquelme y Palermo en Boca. Y por afuera de ellos, variantes. Sin el tiempo que da un equipo y un campeonato, con la urgencia/presión de una selección y una eliminatoria, Maradona también tiene su columna vertebral: el uno (Romero), el dos (Demichelis), el cinco (Mascherano) y adelante Messi. Nunca los toca, excepto lesión. Y diez no tiene, simplemente porque no hay. A falta de Riquelme, lo banca a Verón.
¿Alguien objetó antes de cada partido los jugadores que ponía en cancha?
¿Se escuchó a alguien criticar el planteo ofensivo que armó para barrer a Perú? Messi por derecha, Higuaín entrando y saliendo por el medio, De María por la izquierda. Aimar asistiéndolos y Jonás llegando al fondo por derecha. Suena a un vendaval de ataque, ¿no? ¿Alguien podía estar en desacuerdo? ¿No se trata de una idea bien pensada pero mal ejecutada?
Y si es así, ¿dónde reside entonces una gran parte del problema?
¿Alguien escuchó objeciones sobre los cambios que hizo, en el momento que los hizo? Fueron todos razonables, reforzando ataque o defensa según el momento del partido.
Ningún periodista dice nada antes ni durante el partido. Sencillamente porque lo que propone Maradona es correcto, está dentro del saber promedio futbolero, tiene lógica y sentido común. Por eso se callan, porque como está bien planteado, en una de esas le sale bien. Pero como sale mal, apenas termina el partido, abren las fauces.
Es más: la única crítica que se le hizo antes del partido fue que puso a Jonás Gutiérrez por derecha, y Jonás jugó correctamente, sin problemas de perfil.
¿Qué culpa tiene Maradona de eso? Las cámaras de TV que siguieron al técnico mostraron claramente cómo les gritaba/imploraba a los mediocampistas y delanteros que pidan la pelota, que la tengan, que toquen. Jamás les dijo váyanse atrás, o revoleen la bocha.
¿Por qué se cargan las tintas sólo sobre el DT cuando un partido está bien planteado y bien llevado y lo que falla es la personalidad de los jugadores para “aguantarlo”?
Roberto Perfumo contó en estas horas que grandes técnicos que él tuvo, cuando metían un cambio con un nueve de área, todo lo que le decían era: “Vaya y haga un gol”, que es como decirle: usted sabe lo que hay que hacer, hágalo, tiene toda mi confianza. Y que no es nada distinto de lo que escuchó Maradona esa tarde de 1977 cuando le temblaban las piernas porque estaba a punto de entrar a la cancha y cumplir el sueño del pibe, debutar en la Selección. “Vaya, pibe, y juegue como usted sabe”, le dijo César Luis Menotti. Pero claro, Menotti tampoco sabe nada de fútbol.




